Bosques y máquinas//

“Somewhere Nabokov is smiling, if you know what I mean"



Lina habla de pastas
6.2.10 @ 1:39 a. m.

Ves a Lina de espaldas?. Sí. Se va a comer duraznos, después de saborear una pasta. Ahora no quiere helados. Se sienta allí donde puede ver los campos de golf mojados por el ligero rocío que en estos días de verano cae en las mañanas. Te imaginas cómo se abrillanta el pasto y todo se ve tal como un poema de Yeats. Lina camina con su vestido rojo y sus ballerinas. Tiene el pelo castaño oscuro, lee textos de diseños espaciales. Recordarla se parece a ver una secuencia de Miranda July riendo mientras un surtidor de agua moja a uno de sus actores en una filmación. Te contaba que Lina habla de pastas, de exactas dosis de ingredientes, y Kikí se ríe porque dice que es un milagro ver que Lina no engorda comiendo pastas en la semana. Son las piscinas blancas, pienso. Nadar es como alterar el tiempo y dárselo al cuerpo, de tal manera que te conviertes en pura fibra y te ves radiante cuando la espuma se eleva con cada braceo. Un sonido que parte el instante en el que la concetración es intensa y el agotamiento físico no importa. Kikí no sabe nadar y va a aprender, dice, porque quiere comer pastas y no engordar. Monstruosa Kikí en altamar. Ya te veo.

Encapsulada en una gigante pompa de jabón, me siento por un momento. Le contaría a Lina que ayer vi a una asesina a la que se llevaban, capturada en una tienda de adornos japoneses. Le había cortado la yugular a su novio. Lo mató mientras comía pasta. Aún se olía a ron y algo pútrido, en el lugar del crimen, contaron en el noticiero. Y los detalles sórdidos. Ella, la asesina no tenía ni la milésima del brillo de May. Los criminales suelen ser demasiado toscos. Lo infrecuente es ver a alguien como a May en ese film donde ella es bella e inocente. Y aunque me haya turbado esa cara sombría, me olvido de sus ojos velados. Pienso en Lina y las pastas. Kikí insulta al barman que llega impecable a ofrecer vino a nuestra mesa. Otra cosa típica y tonta. Un coqueteo vapuleado. Nos vamos.

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Fiebre
3.2.10 @ 10:01 p. m.

Se acomodó los tenis rojos, se alisó el cabello despeinado y miró la calle blanca. Sus largas piernas se extendieron en la banca, y en cinco segundos volvió a su posición loto. Pensó en marmotas, en travesías de bosques, en animales pequeños, en punks con crestas doradas, en sexo caliente esparcido en los pasillos de la facultad de filosofía. Se replegó sobre su vientre: la fiebre le daba cierta luz de puterío. Una virgencita puta, dijo y se enderezó. Acarició la navaja filosa y se fue a matar al profesor de Profilaxis literaria. Sin remordimientos.

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Tu perfil lunarejo
1.12.09 @ 5:07 a. m.

Aquí no hay galletas y tengo hambre. Pero no importa. Toco la foto.
Intento contar tus lunares, esos puntitos radiantes de tu rostro bonito. Impacto de la distancia con su flor sintética al extremo del monitor. Extrañamiento. Ver tus pestañas que parecen el recuerdo de no sé qué perturbación. Simultáneamente desenvolver paquetes de postales, una muñeca de aluminio, una raqueta de tenis, una guía de calles de París. Pero yo quiero irme a China y después a Kyoto, y llevarte conmigo en el portapasaporte. Y doblar boletos en los subways para enviártelos en una imagen scaneada, un graffiti digital para ti eso quiero. Así pensé mientras el ruido del celofán se mezclaba en un remix con mis estornudos y los primeros sonidos de la mañana. Niños despertando en el departamento del lado, alguien llamando a su madre como un poseso. Run run la canción de cuna para Riana, la bebé de la muchacha seria como un soldado de guerra.

Todo como una canción de Adam Green en un cuarto de minuto.

Y al final, antes de bañarme guardo tu foto y veo cómo amanece y a lo lejos tu cuello se humedece cuando despiertas.



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lcm
16.7.09 @ 6:32 p. m.

jueves 16.7.09


no eran mariposas, nubes ni la desatinada lírica llegando en un supernova de comic. ¿un cohete espacial atravesado en tu cabeza?. no era la delicadeza del agua cayendo gota a gota en una gruta alejada de la ciudad. no habían sensaciones zen que giraran en ti deteniendo los relojes, las secuencias en un parque de diversiones, el mecanismo de una montaña rusa pintada de pequeñas estrellas. no era el cinema con su letrero de neón en la avenida principal de una ciudad de ensueño.

era la ciudad al mediodía en medio de extrañas radiaciones y ruidos desconocidos.

llegaban helicópteros y ancianos famélicos caían sin paracaídas. algunos gritaban maldiciones. eran los más dignos quizás. otros recordaban a la belleza de un cuerpo que amaron mientras sentían golpes de vientos en sus caras y así no escucharon el estruendo de sus cabezas destrozadas en el pavimento, cerca de jardines cubiertos de rocío. la reciente lluvia había formado un arco iris y los asesinos que manejaban los helicópteros sonreían ante el espectáculo del cielo rosa, en el instante de la caída, mientras en los altoparlantes de la ciudad sonaba una sinfonía electrizante, inquietante, inédita hasta ese día. muerte en la ciudad militar.


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así es el largo mute...
20.6.09 @ 7:44 a. m.

quién sabe el mute se vuelve infinito, pensó el niño. en casa la soledad era una canción bonita pegada a las paredes. un día le quisieron tanto. ahora eso se perdió entre sus juguetes y los videos game. la casa era un territorio chamuscado y todas las fiestas habían huído de allí.

ahora él tendría todo el tiempo del mundo para jugar en el play station. nadie le regañaría. así es el largo mute, se dijo mientras la sangre desde las veredas entraba por la puerta.

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bólido tiempo
12.12.08 @ 7:01 a. m.

ella había envejecido mucho después de ese año mortal. sobrevivió a sus tres hijos en un accidente automovilístico, se volvió una caminante constante. se volvió loca cuando el bólido tiempo le mostró su soledad hueca como un vacío eterno.


la ves cada tarde pasar bajo el puente star de la avenida mayestática. arrastra un poco los pies, nadie sabe quién es, sólo nosotros que alguna vez la vimos sonriente hablando de puccini en una cafetería, y luego cada mañana en el ascensor, cuando olía a rosas y su cara era como una vieja canción estival.

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Soleil
2.12.08 @ 8:30 p. m.

Tu pelo cae a ambos costados de las sienes. Es castaño oscuro. Delinea tu rostro huesudo.
Desde que era una nena me he enamorado de hombres con rostros huesudos y sé que esa fijación nació con la mirada al primer hombre en casa, fuera de mi padre: un joven médico que vestía con terno azul marino y llevaba unos zapatos finos. No tenía los cabellos ni ligeramente largos. Mi mirada le encontró majestad. Yo tenía 6 años y mi enamoramiento fue estético. Un destellazo. Pero hoy lo veo borroso. Solamente sé que tenía una cara en la que podías ver hermosas hendiduras y recuerdo el terno, las manos con largos dedos y los zapatos. Su aire de aristócrata, algo que solamente conocía en papá. Ahora lo veía en un hombre que tendría menos de 30 años.

Luego en mi vida, he conocido varios hombres con esos rostros delgados. Casi todos pasaron al olvido inmediato. Eran como la mayoría, apenas podían contarte algo, y sus artes amatorias estaban viciadas por la marcada vanidad. Se creían divinos y eran ordinarios.

Durante la guerra, uno de ellos fue una estela. Pero tenía un hijo y una mujer que lo esperaban.
Aaaah, yo tenía 18 años. Amor caterpillar.

Soy incapaz de maldecir tu aparición. Si no dijeras nada de lo que dices, sería diferente. Pero no, tú hablas y yo me burlo de mí. Me veo en la cima de la necedad. Tú y tu hermoso rostro huesudo.
Veremos qué pasará cuando llegue el verano. Posiblemente desapareceré mientras la ciudad me abduce en un amanecer rojo. Espero que me recuerdes hasta que ya no estés. Boletos de autobuses y supertrenes. Pero entretanto, serás mi luxe, mi canción.

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[ pianística ]
30.10.08 @ 5:58 a. m.

tú eras el chico de los pianos. tu historia nacía con los acordes de un concierto en la sala de tu casa roja como esa mañana cuando la sangre caía del vientre de tu madre. el anuncio de tu cuerpo y su convulsión. las horas, la incubadora, la filmación de tu arrugada cara, el movimiento de tu pequeña cabeza.

cuando llegó el primer piano, tu memoria fotográfica lo guardó en blanco y negro como en los films noir. nina simone cantaría algo tristísimo para ti, el niño solitario en esa casa turbina. después de nina, todo el magnetismo cabía en tu primera canción para piano. premonición del electropunk. después del piano, la guitarra eléctrica y más adelante el segundo piano con nina llena de bruma y saudade que era la mismo, la prolongación de tu karma, el summus de la adolescencia arrinconada a cuartillas, experimentos musicales, orquestación y banda visceral o angelical según el ritmo de los días y el color de la ciudad . tú escapabas de la bruma, tú tocabas el piano. tú mutabas pianísticamente.

la captura de los disidentes de la gran ciencia totémica, de quienes todo el mundo hablaba sucedió cuando tenías 16 años. tú te habías alimentado de la ciudad, sin epifanías, transformando los cruentos sonidos en óperas para ser tocadas en escenarios abiertos como pistas de aterrizaje, lejos de la casa turbina.
los fantasmas de tu primer piano aparecían en tus noches turbulentas. eran la desolación y el camuflaje de la música protegiéndote de la guerra.

o tú eras un fantasma de ti mismo pero estabas vivo y el piano era tu símbolo de identidad.

volver al primer piano. volver a la oscuridad y al primer hallazgo. quién sabe, chico solitario, qué pasará.




ellos son como el señor smith en matrix. o son como verdugos postmodernos. algunos adorarían tu música. te traerían el piano imaginado por ti en esos sueños festivos que simplemente eran las pre-composiciones de tus óperas y movimientos diseñados para ser feliz.

querrías escapar. querrías llevarte el piano mientras sales de la casa turbina. factoría del arte negro, gran caja musical. pero no sabes a dónde ir, porque no tienes madre, padre, ni amigos, porque eres como un piano sin pianista. y porque nadie te llama aunque te aplauden. la ciudad se olvida de ti. eres como un piano silencioso, ahora que no sabes a dónde ir.

tal vez cometerías un crimen si te olvidaras de tus fantasmas. si fueras un cyborg, si no fueras en realidad un piano, un hombre piano.


Ilustraciones vía Google.

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Dioramas
23.9.08 @ 5:19 p. m.

Había una sequedad atrayente en su calidad de relacionista público under. Buscar las palabras que usaban otros, trazar una imagen maravillosa con caquitas guardadas en la profundidad de sus deseos. La alquimia de las palabras en el contenedor. Encontrar la perfección, irradiarla, ser su dueño total.
¡Escribir sin fisuras!, ¿escuchas?.

No sé qué decirte Maestro, dijo la muchacha al hombre barbado. No había constelación visible, aunque era noche de luna llena, no había tampoco belleza. Era raro: como el estrés disimulado, el momento estaba turbio. Un hombre enamorado de sí mismo es algo espantoso, pensó ella. Una mujer simple es atroz, pensó él.

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Hemisferios
6.9.08 @ 2:19 a. m.

Este relato tiene sus primeras líneas a raíz de leer un post de Caminando sobre brasas


Caerían miles de gotas de lluvia eléctrica sobre el viajero. Su ordenador, sus robots, su equipaje y sus notebooks, todo en él como una prótesis, vibraba en ese zig zag molecular. Como salido de un cómic de Robert Crubm, se estiró y se palpó la entrepierna.
Se parecía a un skinner droguis casi bizco por el deseo. Bajó por la rampa con su equipaje a la espalda y al doblar la esquina se desplomó.

Un niño corrió a verlo y en un tris abrió la caja de su corazón.
Tendré que llevármelo a mi taller, dijo. Otro androide que se cae en plena calle. Uf, comenzó a llover.

En un lugar clave de su cerebro, el viajero escuchaba el sonido de su estructura rota.
Escaparé, tengo que escapar, pensó mientras el niño tocaba sus hemisferios cerebrales. La lluvia resonaba sobre los tejados de alumino en la ciudad. Escaparé, gritó.

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Si vas a rockear [¿cómo dices? ]
27.8.08 @ 4:26 a. m.


@urbanitas: los urbanitas caminan paranoides, creen que serán plagiados por un comando criminal de élite
@Hamletmaschine: @urbanitas Da para un grafitti sobre una puerta neumática: "Aquí inicia tu olvido".
Diálogo twitter.

CARTEL EN LA PUERTA BLINDADA: SE RIFA BOLETO PARA IR A SAN FRANCISCO. SÍRVASE PASAR.

Todo estaba alterado. No sé qué hacer, pensé. Tenía calabazas en el estómago o qué decirte, me había tomado tres vasos de pisco sour y la demencia se me colaba por las sienes. Llevaba un brassiere sexy que me salvaba de caer en el vacío. Tú sabes, hay cosas que llevo como órganos extensivos de mi cuerpo.
Parada frente a ese aviso, me acordé de un cuento de Bolaño sobre el recorrido de B y su padre por bares extraños y aluciné que si cruzaba el umbral de aquella puerta, encontraría fantasmas al filo de la noche y que Jeanette limpiaría ese lugar cantando ¿por qué te vas?. Tú entiendes. Jeanette es el alterego musical de Ana, en Cría cuervos. Jeanette te desafía y luego te acaricia. No sé por qué explico algo que supiste desde que viste esa pela, en el verano del 99. Desvarío un poco, lo sé.

La paranoia me atrajo hacia tu calle en medio del calor nocturno, sin tarjeta de crédito, sola con el mp4, con pinta de tipa ida por la maraña de la ciudad, y con el bolso lleno de boletos del subway, stickers sueltos y algún apunte raro sobre ti.

Nada especial sucede. Me siento al pie de tu puerta y saco del bolso esa foto que me enviaste en diciembre pasado. Ruleas my dear.
Y sigo aquí con el aroma de los azares que abundan en el jardín que pronto no será tuyo. Van a vender tu casa. Mierda, todo se vende. Menos nosotros, o quién sabe nuestra pureza es fácil de ostentar, no tenemos por qué vendernos, ni por un plato de lentejas. No estamos en las últimas. Quisiera decir como los chicos de Of Montreal, que el pasado es un grotesco animal, pero mentiría como una mala puta. El pasado fue nuestra movie. Protagonistas de una ciudad llena de pólvora. Bah, tanto glamour espacial en nosotros y la ciudad en guerra. No quiero reír o sino me reiré demasiado y podría llorar como una niñita salpicada de algo que no es nostalgia y sí lluvia de flashbacks superpuestos. Zuuum, estamos tan desolados y alegres, intermitentemente.

Verte, dorado tú, con esos pantalones de cuero allí en el escenario, rockeando. Niños de mi alma, gritaba, no quiero saber nada de fascinaciones. Grunge la caída, con algún rasguño y nada más. Me escabullía entre los geeks que pululaban en la asonada del concierto, con aires de masters que reparten sonrisas. Chao Calix, chao Tamira. Me gustan sus historias, pero basta, no más.

No soy fan de nadie, pienso mientras la imagen de la puerta blindada oscila en mi cabeza. Tampoco soy una espuria.
Creo que después de tantos recuerdos, veré esa pela porno. Fuera exquisiteces de niña trasnochada.
De vez en cuando no cae mal ver algo que quizás no sea tan aburrido.

Más tarde atravesaré esa puerta, antes que se acabe el plazo para la rifa. No te inquietes. Miss Kittin me pone lúcida en los momentos más inesperados. Ella y tu foto, claro.


Fin del primer episodio.



Imagen tomada de Google.

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¿Ah sí...?
20.8.08 @ 5:55 p. m.


Porque tenía dos canicas en la mano derecha y en la izquierda tu robot, escribí.



-Yo sería el conejo, mami. El conejo que a donde vaya, le dicen hola y le dan juguetes y galletas de coco.

- ¿Ah, sí? justamente galletas de coco y a mí me gustaría ser

- ¡La niña, claro!

- Estás bastante perceptivo querido. ¿Entramos al cuadro?

- Yo estoy con un pie dentro mami, ¡dame la mano!. ¡Me han salido las orejas!.

Dram dram. ¡TRAAASH!



Imagen tomada de Google.



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Stráctica
@ 4:04 p. m.

Recurriré a la química. No he salido porque me volvió la fiebre y lo que hice fue en primer lugar limpiar mayólicas y dejar a la compu impecable con una crema special. Revisé los esquemas y sinopsis que no me gustan pero que abordo por trabajo, y de pronto le encuentro el gusto por detalles como el del leader de un profesor de bibliografía. Nada aburrido.

Pero no he podido ni salir a reclamar telefónicamente por el celu. Creo que otra vez caminaré enchalinada a encontrarme con mis semejantes en la calle, carraspeando y con los ojos rojos. Algo común en la ciudad en este superhúmedo mes.

Por ratos ponía canciones, oteaba twitter, tomaba el té de wawasana, cocinaba y heme aquí sin letargo, con el cuerpo en fast posición, lista para salir pero aún con una ligera fiebre. Así que escribir es mi cura en todo sentido siempre, como también puede ser un desangramiento, una punzada en loop a mi zona emocional. Y pasa. Escribir tiene más poder sobre mí que el mal físico, que la neumonía, el dolor, o algo destructivo.


*

Este tema de Ministry me acompañaba mientras escribía lo que viene.







Stráctica

Estoy desconectada según tu canon biomecánico. Mi corazón es un pedazo de platino con señales ocultas. Soy una cyborg oculta y conozco tu maldad. Lo de siempre, eres un crápula más en la ciudad bulliciosa.
Te voy a matar saqueador de cyborgs insumisos.

Hay cierta paz que cuida la música de los ascensores, de los megamarkets y los arsenales de guerra. Yo estoy a la ribera de tus crímenes.

Hoy me hubieras visto con las manos húmedas sosteniendo al bebé de una mujer aterrorizada. Llegaban tus soldados y antes que nos desaparecieran, salimos como magos de aquel tugurio, desnudos, con apenas unas frazadas y las computers intactas.

El bebé fue bautizado en medio de la fuga: se llama Alvar como el héroe que amaba el tatarabuelo del mío. No pongas cualquier nombre a quien amas, me dijo mi madre cárnica una mañana frente al mar. Tengo recuerdos, mercernario. Alguna vez fui una niña de verdad y tú nunca lograste quitarme mi infancia. Te engañé buitre, y estoy aquí, lejos de tu vileza.

Y soy cruel para los de tu raza, nunca lo olvides. No me persigas más.




Invierno de ciudad post-nuclear. Cielo rojo. Estamos al fin solos, stráctica.
Escucho la respiración del bebé y el olor de su cuerpo me hace cantar mientras amanece.



Imagen tomada de Google.



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más allá del río missisippi
12.8.08 @ 5:17 a. m.









¿ves a los ghosts boys en aquella vieja factoría?

él tenía 18 años cuando un sicópata le cruzó una lanza oxidada por la espalda. su hermana, la chica que apenas ves asomando por la ventana, fue la miss primavera de las olimpiadas escolares del 99 cuando tú eras virgen y estabas enamorada de morrisey. se llamaba isolda y no me preguntes más sobre ella porque lo que le sucedió todos por aquí lo saben. perros de ciudad más perros que nadie.

no me digas que debo habituarme a no llamar ghost a nadie. me olvido de este tiempo sin nada más que el sonido incesante de nuestras cabezas flotando más allá del río missisippi, lejos de nuestros cuerpos sin cajetilla de cigarros ni para oler. sólo nos reconocemos por esas canciones que nunca mueren, petisa de la quinta calle ¿lo ves?.

nos miran. quizás no estamos tan solos y este polvo que cae de nuestros ojos se mezcle con ese otro polvo de todo lo que nos hizo, alguna vez felices. bah, no somos nada pero aunque estemos muertos, queremos soñar.




foto: tomada de aquí

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Tomates revueltos
3.8.08 @ 9:35 p. m.

Vi al tipo de los pastelillos de queso, venir hacia mí con gesto desconcertante. Tendrían que verlo, él es un muchachote en la nota fisicoculturista. Con esos horribles músculos en su cuerpo, me parece el Allien humanizado que arroja lava en vez de saliva. Tal vez le gusto porque le atrae la idea del dominio total. Digamos, que con un solo abrazo, me rompería. ¿O se burla de mí? Sí, eso es lógico, pero con los gustos nunca se sabe. Hay, digamos, muchos que son tan, tan bizarros que te asombrarías, te lo juro.
Viene el tipo y trae tomates rojos rojos en sus manotas. No sé. yo no debería estar escribiendo aquí. Yo debería huir porque el tipo me guiña el ojo derecho y me dice piropos tontos. Como que soy su finita mujer. Pero yo no soy su mujer, ni siquiera quiero serlo en sus sueños. Y es imposible quitárselos. Los sueños son los reductos donde puedes poseer al que te gusta. Allí materializas tu utopía amorosa.
Pero por todos los deuxes de los mitología y del ensueño dadá, no quiero que me toque ni un cabello el tipo, el de los tomates revueltos que allí vieeeene. ¡Nooooo!


[Este relato continuará
o quién sabe, si no estoy ...., no sé.
Ya, lo escribí porque tuve un día del des-ma-dre.]

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Devotage III
30.7.08 @ 4:28 p. m.

[Cómo me gusta recordar tu belleza abstracta cuando viajo en el bus]

Yo sé que soy feliz a ultranza algunas veces que escribo. Por eso ahora quiero escribir sobre ti, un poco. Solamente un poco.

Escribir por ejemplo que por ti lo que escribo se desliza encima entre Lima, las rutas del mundo, lo sobrenatural, el cuerpo, tu belleza, mi diapasón, el retronaif, el futurismo fragmentado, el dorado remix que creaste en mi cabeza sin saberlo:

vivo en la ubicuidad. Eso es algo diferente a vivir en la fantasía. Desdoblar el cuerpo para que viaje en la escritura es la gran aventura. Si me faltara, todo sería como un páramo o como la Nada.

Si me vieras ahora te provocaría saltar a esta insondable zona, mientras el bus atraviesa aceleradamente la Avenida Rostedal y se interna en el laberinto de la ciudad periférica. Nils Petter Molvaer suena en mi cabeza y te veo desnudo con el corazón marcado por pintura gel. Performance armada con tus gestos y los míos, paredes con graffitis, jazzistas con saxos pasando por el pasillo del bus. Nunca tuvimos alas y nos decían ángeles cuando teníamos 19 años y solíamos garabatear los pizarrones en aquella casona de outsiders, ¿te acuerdas cómo nos querían? ¿quién dice que los outsiders son incapaces de querer? .
El presente es algo más difuso si lo miras caleidoscópicamente. Ya no tenenos mucho que decirnos en un instante y al siguiente nos falta el lenguaje para destruir lo que nos molesta. Deliberamos, nos separamos, volvemos a vernos, hacemos pompas de jabón en las calles y leemos mucho otra vez a los nenes beat para voltearles las ganas de masturbarse que tienen y que te acogotan si estás en otra parte, donde ya no hay espacio para los onanistas convulsos. Y nos salvajearemos los cuerpos más tarde, sin testigos, sin paradas de bus cerca, como alienígenas en un planeta deshabitado. Y hacia el fin de la tarde atravesaremos esos túneles, esas zonas de horror que se autodestruyen cuando pasa alguien que conoce cómo mutar sin ninguna magia. Algo así como la metempsicosis que te lleva a un no-lugar. Tú sabes cómo es eso, tú estás hecho de instantes cristalizados que conozco.

Tu sinfónica natural me hace otra y la mía te hace otro. Por eso afuera no hay agrimensores cuantificando qué hacemos, aprisionándonos en el panóptico. Nosotros los vimos y nos comimos sus cerebros, pestañeando divertidos. Que el acto de la destrucción nos purifica como diría una canción de Vive la Fête, compuesta para oírla frente al mar cuando va a amanecer. O que los cadáveres del lenguaje sean quemados en la pira de la underfiesta nos limpia. Siempre estamos limpiándonos para ser otros. Después de ensuciarnos, nos limpiamos como kamikazes en su última noche, vivos. Pero a veces todo es tan teatral que verte con esas medias de sportboy parece un detalle ínfimo, un toque de comicidad prescindible. Y me quieres devorar allí mismo porque al fin eres como una flor carnívora y yo te quiero como se quiere a algo imposible y me canso.

Así que salimos a la autopista, esperando ese bus que va a ninguna parte. Queremos dejarnos ir y caminamos como dos cuerpos que están a punto de incendiarse, allá en ese punto donde nadie sabe qué va a pasar.
Pero tú no estás, lo sé y yo que comenzé a escribir sobre ti porque recordaba tu belleza abstracta, camino hacia una rockola vieja en medio de la Nada y otra vez escucho a Nils Petter mientras anochece.


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La rubia que miraba mi diapasón desde su esquina rosada [ mientras el mercenario se comía tu pastel ]
29.7.08 @ 2:21 a. m.


¿Viste La rosa púrpura del Cairo? si así fue, imaginarás a la rubia que ves aquí, saltar del monitor con una naturalidad idéntica a la del chico con sombrero de safari irrumpiendo en la sala de cine ante Mia Farrow. Felizmente eso pasó tan rápido que no me alteró en lo mínimo, así como estaba embebida de archivos gif y lecturas sobre Nietzsche que era tratado como un filofascista en un artículo con bastante linkeada histórica que me había agriado un poco el ánimo. Pero gracias al salto de la rubia eso desapareció. A mi lado tenía apuntes a mano con grafias esmeradas para entretenerme visualmente, escuchaba el muxtape de postbop y la oleada retronaif me había puesto en un estado de extraño gozo, recordando esas líneas de Amuleto: Si no me volví loca fue porque siempre conservé el humor.

La rubia se sentó en mi cama y silabeó los títulos de algunos libros. Se parecía a Nicole Kidman en ese film del cual no recuerdo el título, en el que actúa con Tom Cruisse como su mujer, donde pasan experiencias de un terror enigmático ¿ustedes la identifican?. En fin, la rubia parecía ese personaje elegante y algo insípido. Luego se ocupó de tí: un mercenario se está comiendo el pastel de tu chico. Pero no temas, es sólo abuso, no lo va a matar, a él no. Tampoco a ti, dijo al darse cuenta de mi sobresalto y me guiñó su ojo izquierdo. Ya no se le notaba lo insípido. Ahora lucía bonita.

Tú eres real, M y yo somos reales, te creo, dije. Y mordí mi jugoso durazno. La rubia sonrió y comenzó a hojear las páginas de Amuleto.


A estas alturas yo sabía que no estaba soñando y que tampoco había enloquecido. Todo lo que estaba sucediendo, traspasaba las barreras de la dimensión desconocida.
En mi habitación la escasez de uvas y helados se debía a que debía incrementar mi presupuesto, y aquello no le importaba a la rubia, ni alteraba la dimensión que ocupaba con sus bizarras disquisiciones. Si a ti no te matarían, yo podía respirar sin angustia. Al día siguiente te vería, te abrazaría, revolvería tu ensortijado cabello y me quedaría oliendo unos instantes ese rico aroma tuyo, sin la rubia mirándonos, quien se quedaría eternamente en su esquina mientras todo volvería aparentemente a esa normalidad de plástica rutina que de mil maneras intentamos destrozar día a día.
No sé por qué creí en un momento que nunca más la vería, quizás porque vi que su rosada esquina con cuadradritos coloreados era su inamovible hogar. Ella me parecía un ser sedentario, ávido de asombros, mas al fin y al cabo, brutalmente aferrada a su espacio de color.
La rubia me miró irónicamente y lentamente dijo: mi nombre es De. Se quedó inconclusa la revelación. ¡Ya no estaba allí!. Sonó la alarma y unos enfermeros entraron a mi habitación con jeringas y un chaleco inmaculado, destinados para mí. a quien, pensé en esa milésima de desconcierto, vendría a rescatar la rubia abandonando su rosada esquina por los siglos de los siglos, llevándome a ti como se lleva a un niño hacia su cuarto de juguetes, su espacio de felicidad, su diapasón, el incesante soundtrack de Del Shannon-Runaway.

Lejos, en el nubífero baile de mi sombra, espero. A ti y a la rubia.
Espero, mientras musito aquella maravillosa canción.
Y sé que en alguna parte, cae una estrella de aire en tu cara.



Ilustración tomada de Google.


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Voyeurs resentidos
20.7.08 @ 6:43 p. m.

Me decía el allien en el sueño. No, no era una pesadilla aunque el allien hablara de voyeurs que en sus casas se la pasan espiando a gente por la que tienen cierto sentimiento inclasificable, algo así como una pertinaz curiosidad de alliens en un mundo gris con puntitos brillantes y basura por todas partes. Despropósitos oníricos. Reciclamientos en el sueño de caquitas virtuales.

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dunas
4.7.08 @ 1:46 a. m.

es como si uno se llenara de polvo aromático, o como decir que uno es el polvo de sí mismo. que uno se ha muerto y que se ha mezclado con la arena de las dunas que son un tránsito para una ciudadela
de gente fronteriza, donde matar es algo legítimo y asimismo no sucede. como si el cuento gore llegara a las dunas posesionándose de sus microscópicas partículas. absurdas, cruentas las dunas y al final del horizonte, esos seres imposibles. y no sabes qué pasó, si todo eso fue en verdad tan magnífico y si acaso nadie te extrañará cuando no estés.



nota.- aún desconozco que pasa con haloscan. sea como fuere, si les interesa comentar, háganlo :) yo estaré cerca, siempre.

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devotage (III)
13.6.08 @ 7:32 p. m.

me he puesto una casaca nueva, color verde petróleo hecha para andar donde cae la nieve. me he sentado sin té al costado, con un aire de junio filtrado por el texto, una aire oscuro, un aire helado y tibio al maniobrar sobre tu imagen de portarretrato, una invención sobre el monitor. tus ojos, la diapasón de un cello, el juego de las monjas, las coronadas de los tiempos coloniales, las feudales de los 90's en las horas de clase, una subrepticia manera de atentar contra ti. te coloco al lado de los fantasmas, para desasirme de la ansiedad, los boletos del subway, tus mails, tus textos concentrados, tu entrada a mis sueños con disquisiciones sobre los días veloces entre paraderos, una niña que está en el kinder, un ajedrecista que junta estertores en su mp3, una vida paralela a la de los filósofos juveniles, los posts del bárbaro, las funciones de cine a deshoras, los cuadrantes colapsados porque no hay brújula cuando navego en este mar. de una ciudad llena de espuma en verano nace algo que no capturarás aunque seas un hechicero sin reino. así la magia que imaginamos alguien ostenta se desvanece rompiendo el lienzo, para que la máquina deseante se restituya en spirales, toda fresca como en una celebración, algo a punto de enloquecernos si consideramos que somos todo lo demás, lo que nace, se desarrolla y muere. pero aún hay demasiada fuerza para irse de aquí, space inmenso con sus fluctuaciones entre rutas, edificios, megacentros comerciales, templos modernos, colegios, universidades para jugar a los dados en medio de las enseñanzas, gloria al conocimiento y a sus prisiones, diría dadá. o dixit el músico en su session jazz, todo movimiento improvisado en el erótico movimiento corporal te hará ver la cara de un dios juguetón. y como el delinquir puede ser no robarle a nadie, si no conspirar contra ti sin hacerte daño. porque estás lejos, porque estás cerca, porque desconoces cuán sinestésica puedo ser, ¡a delinquir!. porque si ahora nos conociéramos el universo sería armónico, musical, el paraíso que soñé, algo realmente imposible, un oximoron viviente cuando es sólo un infinito film sucio, como un cuento donde el lobo se come a caperucita roja y luego ella se vuelve zombie y no se sabe cómo, sale y se come al lobo.
ya sabes, no es una bonita parábola, de la pantalla no saldré con mi té y mis bolígrafos. ni tú con tu habitual risa contando instantáneas y relatos místicosprocaces.
y yo sigo navegando lejos de ti.

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