Bosques y máquinas//

“Somewhere Nabokov is smiling, if you know what I mean"



Michael Myers
27.4.10 @ 5:22 a. m.

27.abril.10
 Para Rob Zombie y los niños de la lluvia


Allá va tu caballo blanco lejos de la sangre y tus ojos llamando a Madre, en la cripta alargada de los sueños

 allá entre la autopista, el bosque, las fiestas y la ciudad, tu máscara o tu cuerpo poisson

tú, el feroz cuervo de la historia
desollando a barbudos y a muchachas asustadas con tus manos de gigante antihéroe, tirabuzones death,

la cizaña y el punk festivo, la cola de demonio y el estertor a la hora de mirar cara a cara al doctor Loomis

las sesiones del odio todas en tu colapso, tu cara herida, turbulento tú, de serpiente corazón,

de asco por el master de los diagnósticos sobre tu cabeza, tus horrores delicadamente dispersos en tus caminos de lodo y voces a la ribera de cada noche, de tus crímenes y tu sexo dormido, de tu nostalgia viperina en los pequeños gestos,

de una niña perdida en tu historia familiar, de tu sótano sin lux, tu infinito sótano

con trozos de muchachas muertas en la cocina, en la hierba y en las discotecas, tus Lejanas con sus mochilas
húmedas de cerveza y cocaína

el grito de los dummies y el miedo de Loomis antes del último golpe

Michael el gigante muriendo a manos de Ángel Laurie y vienen los guardias, el celuloide arde en vuestros ojos

 miras a  tu caballo blanco que se acerca con Madre, y se abren los precipicios para un the end cuando Laurie se extravía en tu máscara y tú cabalgas en el último segundo hacia 
el final de tu Horror-dream 

alguien anota el momento de tu autopsia, tu garra lo alcanza

el último sopor de ti, tu magnética en cada uña tuya, ¡vísceras!

pedazos de ti para Laurie como si fueras un Bronx del infierno, ¡por siempre Michael Myers, por siempre!.



Madre te acompaña en tu cielo, no temas.

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Plateaux de los 140 caracteres
26.4.10 @ 5:22 p. m.


 26.abril.10

No es exactamente un taller literario, Twitter. Es un hogar de radiaciones lejanas. De cosas delétereas. Allí puedes estar tan solo y a la vez te sientes cual compañía que lanza su voz sin obligados destinatarios. La mayoría de las veces, el mensaje se pierde, así que vas tras su sonido y lo guardas cuando te provoca bucear en la marea de los tuits.
Aquí en la habitación está el té. No hay cafeteras, sólo imágenes de cafeteras modernas, de mesas y barras. Asoma un Plateaux que es lo mismo que un arcángel arcabucero. No es ficción de adictos. Es alimento. La borrasca, el desorden de los bolígrafos, los nicks y el noise. La cosa fantasmática, la cosa finita, la cosa rota. El arcángel arcabucero es la idea, las alas, el insomnio, el olor del animal que es el otro. El momento en las escaleras en penumbras, la lluvia que gotea sobre tus recuerdos, Beach Boys. 

Todas estas ganas de deshacer el noise de las cosas rotas. Un vinilo recuperado, una voz distante, los ecos de las pimpinelas, la risa. Un graffiti, una instalación de sentimientos  secuencia por secuencia. El próximo hola.

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Hey Yorke, desanúdese
21.4.10 @ 11:35 p. m.

El título de este post fue un tuit que borré. En un tris me dije que lo prefería para este destino. Decisiones intempestivas. Como el golpe de un pensamiento al saber de unas radiaciones que se me quedan al leer listas. Un gin tonic en 140 caracteres. Relaciones de la escritura con  los días de buses en la ciudad alterada esta vez por el verano que se va. El helado aire que llega en las noches cuando atraviesas las calles cercanas al mar. El olor a café que sale de La Tapa y la mirada a las vitrinas con chocolates que no compraré, gelatinas, tortas, pastelillos. Alguna biscotela que me recuerda a papá cuando llegaba a casa cargado de cajitas rosadas con sellos brillantes. Biscotelas suaves para la niña. Del centro de la ciudad recorriendo avenidas húmedas en días de invierno, porque las biscotelas eran de la estación lluviosa. De la garúa que es la pequeña lluvia que cae en días nublados en los que te abrigas y estornudas en algún paradero o al cerrar la ventanilla del taxi. Y aparecen los nudos de la conciencia, diminutos fraseos musicales. Cosas terrestres, tú sabes.

Pensé en nudos, en el Horror-dream al que evoco en momentos como éste o cuando estoy en twitter y me asalta algo como una enunciación. O ganas de escribir sobre una película, o cuando encuentro ciertas realidades que no me atraen y que paradójicamente me mantienen en un estado de deseable perturbación. Y el cruce de los noticieros, las burlas políticas, ciertos ensañamientos comunes, el desgaste de algunas cosas y sentimientos. Descartar algún adverbio, buscar alguna imagen, un signo, un detalle. Y dejar atrás los nudos, lo que sabe a serenarse, pero no a renunciar a ciertas violencias. Otra vez las cosas terrestres y todo. No era el kit completo, si no infinito. El camino.
The Arcade Fire cantando Rebellion viene [como premisa]. Uh, armonías.

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Detritus
19.4.10 @ 1:57 a. m.

 19.4.10

Me expulso hacia la factory del Horror-dream.

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Cinemanías
15.4.10 @ 6:04 a. m.

 15.abril.10



 1.- Cada escenario está lleno de tics fílmicos.
 
 2.- Una imagen, aparentemente sin nada extraordinario, arroja señales. Sólo hay que descubrirlas.
 
 3.- Se disparan las radiaciones especiales y espaciales en loop hasta que le das el stop. Eso es algo realmente   cinemaníaco.
 
 4.- La cosa fílmica se materializa en concepto cuando le das estructura. La estructura se destruye o se deconstruye según te dé la gana. La cosa fílmica permanece.

 5.- La fisura se multiplica o comprime. La cinemanía se alimenta de fisuras. Al final no hay final. Habrá más cinemanías. Una filmina, por ejemplo del horror-dream.
 Alguien bebe café al otro lado. Se alinean los significados. No hay bluff.

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California memory
11.4.10 @ 12:59 a. m.

En twitter encuentro al corazón de aquella California soñada. Un kit completo de los contrastes.

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La felicidad cinematográfica
6.4.10 @ 3:38 a. m.

  • Supernova de la noche. Estuve meditando cuando no cerraba los corchetes de unas notas y no elaboraba sinopsis de los mil demonios. He leído posts sobre la californización que el philosofer Lounge escribe. A William Gibson lo encontré en una fotocopia traspapapelada entre juguetes de cuerda ocultos en un gabinete móvil. Me sentí como una saqueadora por el impulso de pensar en lo placentero que es toparse con esas cosas inesperadas que te hacen pensar en la felicidad cuando no estás viviéndola. La felicidad como un episodio que va y viene. El choque con los sucesos cotidianos, la constatación de lo cruento, el repaso de una historia hecha carne en pleno caos. La ciudad cercada, la sangre que corría en mi calle ese día que murió Kurt Cobain. Mi calle, ja, era una línea periférica de flores,  con niños jugando y con Tati, enamorado y enigmático. Las paletas rosas en la esquina en el verano, la infancia. La felicidad de los helados en la boca, del rock de garage en la cuadra. El invierno de penetrante frío bajo los faroles en esas noches de apagones cuando los tanques pasaban, los soldados fumaban  y desde mi ventana empañada de vaho los miraba como personajes de un montaje tenebroso . 
  • El primer beso, la felicidad con su faz tímida, los primeros juegos sexuales, la lluvia de agosto con Pixies en el walkman y las clases sobre Platón. A veces el pavor se cruzaba con la felicidad en un efecto absolutamente bizarro. Una cosa freak, diría Tati. Tan diferente a ver cadáveres al atravesar un parque a las 7 de la mañana, caminando hacia la panadería. El aroma a pan tibio se convertía en un recuerdo triste pero allí estaba la ruma de comics  en casa y Batman partía con su capa oscura hacia la ciudad Gótica. Amor platónico, felicidad.

  • El número 49 es ahora un número de muerte. En México se murieron 49 bebés  en una guardería por ese antiguo mal de las burocracias, la negligencia. No leí los detalles. Los leeré luego, 49. Y me decía como un bebé que es la felicidad de sus padres puede morir en un momento. No quedará más que su rostro en la memoria. La felicidad puede desaparecer para siempre. O no, y eso sería como renacer. A veces creo que sólo tendrías que volver a nacer para ser feliz, si se te muere un hijo.  
  • La felicidad puede ser chocante en medio de tanta infelicidad. Puedes aborrecer la idea de ser feliz desde un no a todo lo ominoso. Pero de alguna manera es como suicidarse sin matarse. Y la felicidad no tiene que ser necesariamente aséptica, una especie de atributo ornamental en un panóptico vasto. Así que no habría que temerle a sus escénicas como si fuera cinematográfica. ¿Podría elegir cierta felicidad como si fuera un objeto de catálogo?.

  • A los 4 años la dicha tiene un color o varios colores. Cromática, focalizada, constante.  A los seis, hay terror. Suele aparecer el horror-dream frecuente. A los 10 años, los niños, se sabe, [¿recuerdan?] son capaces de cometer algo terrible. La felicidad se ha convertido en algo indefinido. A los 15 sin duda la felicidad se asocia a los besos, el fulgurante cuerpo, la epifanía de los cuerpos. Luego es difícil hablar de la felicidad, excepto que cuando eres estudiante, te obsesionas con conquistas del saber, si te causa placer lo que estudias, si hay un sentido en lo que estudias, un sentido vocacional, muchas maneras de agotarse pero no de rendirse. O la vida del paria juvenil. El vagabundo de nuestros tiempos que se convierte en un mísero de la sociedad, tal vez podría transformarse en un salvaje ilustrado pero eso actualmente es sui géneris. Es el tiempo de las pandillas y del maxim conformismo si no hay ese revival de una politik fresca, sin slogans miles de veces turbios. Discursiva simplista. Dogmas. O qué, dime qué, ¿dónde se ha ido la felicidad?.
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  • Tónica de palestinos errantes. Bagua y sus desaparecidos, la infravida de los heridos de las guerras. ¿Dónde se ha ido la felicidad?. 
  • No soy culpable de nada, eso dices. El planeta gira y no te enrostraré nada. Sólo me digo que no se trata de ríos serenos por enarbolar. ¿Una mirada zen al filo del camino?. O es el tiempo en el que vas y te sientes encapsulada en una burbuja-sueño. Plaf, se rompe. No hay burbujas.
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  • La felicidad cinematográfica con su River Phoenix en el sueño. Esplendor en la hierba, un film en blanco y negro desplazado por Kill Bill y las muchachas vengadoras en Death Proof.  La felicidad sin James Dean pero también con él, en el corte de un tiempo feroz. El gesto del inconforme. La felicidad en El Rayo verde de Rohmer o en secuencias alternadas de Ethan Hawke como Hamlet. Una especie de realeza under, de abstracción y belleza. Las cosas que no se vuelven espantosas. La felicidad cinematográfica, por tiempos, así con deseo, música y una eterna playa en la memoria.

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