Bosques y máquinas//

“Somewhere Nabokov is smiling, if you know what I mean"



¿Despilfarrar?
22.5.11 @ 5:05 a. m.

Tal vez creen que despilfarro las palabras. Mi cuerpo está en las palabras que nunca siento que me aprisionan, mi cuerpo se libera, lanzándolas, descubriéndolas, dándoles duro en el acto de hacerlas caer o estrellarse contra el silencio. Y no es algo terrible, el acontecimiento se pierde entre otros tantos. El cuerpo se ejercita, se estira como un juguete elástico.


Me gustaría despilfarrar en cafés al paso, en algún cybercafé , no sé si en un Starbucks. Me gustaría despilfarrar dinero, en botas y carteras.  Y en colonias caras. El lujo en unos días como ataque a la sensatez. 

No despilfarro porque me puedo enfermar y si me enfermo, mi cuerpo o las palabras, se quedarán suspendidas, perdidas, anuladas. Quién sabe qué les pasaría. Nadie sabe qué nos pasará, pelusa.

He despilfarrado algunas veces. He gozado. Ustedes saben cómo se disfruta la transgresión, cierta necedad o alguna maravilla, una manera de atacar al tiempo sin que te duela. Como en las canciones de alegres pasiones, ¿cierto?. Como en un concierto vibrante, el mejor, el inolvidable.  Como si fuera un niño millonario que desconoce el precio de las cosas que ve en la vitrina, cuando por primera vez sale de shopping con sus padres, con la diferencia que eres como ese niño, con derecho a despilfarrar sin que tus padres te acompañen. No es muy distinto al final, porque sea como fuere, el niño millonario tendrá lo que quiere, sí o sí.  De todos modos, será algo festivo, una correspondencia con el cuerpo, un acto deseante. Aproximadamente como esa celebración, saldría a despilfarrar, sin anuncios previos, sin escándalo. Aproximadamente.




Escalofríos y mediodía
18.5.11 @ 1:44 p. m.

Y ya estoy lejos del mediodía, leyendo críticas feroces sobre Von Trier.  Sin lounge y martinis en el Timeline Twitter, sin Carlos Zetkin con una respuesta, sin last.fm porque ya salgo a la calle. Porque hay algo inesperado que se te pega al cuerpo, y como manzanas, conjurando al momento. Se me va el frío, salgo.

Párpados calientes
@ 2:21 a. m.

Sentir una quemazón en los párpados, mientras la madrugada discurre y escribo en twitter: Rosevinge, acá gritamos por dentro. Batería nocturna.

Va a aparecer Vincent D'Onofrio,después del crimen, law & order. La ola de las series televisivas que funcionan como vías epistolares en la cabeza, una constante movilización. Pensar mails que no enviarás, mails que en todo caso, te los estás enviando. El destinatario eres tú, en plena tocada de discos, de ventanas abiertas en la pantalla, de frío, de ganas de ir a un bar, porque no pisas alguno hace meses y no hay explicaciones sino un largo camino, una forma extraña de cansancio. Desear mirar al mundo desde la barra de un bar, con  pisco sour helado y el monumental noise que se concentra en el bar como una invitación a beberse la ciudad, allí sin más charm que la erótica ruidista y  la conversación. Si también hay esa sensación de párpados quemados, no importa. Al final, el bar y el cuerpo se complementan y alguien te dirá: hey, qué bonita madrugada, el bar  es nuestro.


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Te vi como a un hombre que caminaba apurado en Silent Hill
16.5.11 @ 6:40 p. m.

SILENT NIGHT

Mamita
8.5.11 @ 2:25 a. m.

Mi madre se llama Valerie Solanas. Así comenzaba el monólogo de mi novel actuación.

Temblé dos segundos y al final me sentí como alguien perdido entre las luces, el público, las palabras y un placebo imaginario en mi cara. Me paralizaron los aplausos, la vida ruidosa en el escenario, tu cara espectral en la lejanía.

Me rescató la voz de Nick Cave cerrando la ovación y el telón. Mi madre y sus botas rojas dominaban el flashback de mi memoria. Afuera, sonaron los primeros disparos. Comenzaba la guerra.

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La O [2]
3.5.11 @ 10:51 p. m.


Otear. ¿Quién dice otear? ¿Quién te otea en horas como ésta, sin pláticas, sin calidez? Cataratas de Niágara en la pantalla, nieve en la foto, un ensayo sobre Termodinámica y alusiones a otakus perdidos en Tokio, un collage. ¿Quién otea todo esto?.

Orate acomentiendo una felación triste en una factoría abandonada. Le lame el coño de plástico al maniquí roto. ¿Quién otea al orate?. Oteo desde aquí y escribo en un set azul, con cámaras retro, con equipos electrónicos de alta fidelidad. ¿Quién me otea a mí?.
Tal vez tú.

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La O [1]
2.5.11 @ 3:45 a. m.

Ofelia, vete al convento, decía Hamlet. Ofelia escuchaba, se retorcía sin moverse, se atormentaba, se empequeñecía. En otra versión, Ofelia se iba lejos de su padre y de Hamlet. Recorría bosques hasta llegar a Oblivión. Allí se detenía a acampar secretamente.

Ópalo. La piedra preciosa del tiempo, guardada en una cajita de cristal.

Oscar Wilde y su Balada. Ruiseñores y murciélagos en tu recuerdo. Una pistola rosada en la viñeta de un comic dibujado por un novel, Oscar Wilde.

Osama, tenías siete años, Bin, y corrías en medio del polvo lanzando la canica hacia el cielo y quién sabe qué pensabas Laden. Ofrendas, ósmosis, olas. Sangre.

Los personajes y nosotros [adiós Sabato]
1.5.11 @ 7:09 p. m.

Si hubiese cumplido el siglo, apenas se movería. Sabato estaba físicamente decrépito y sus personajes, no. Los inolvidables Alejandra Vidal y Juan Pablo Castel, sobretodo. Contracorriente. Contra las críticas, el fastidio y el tiempo. 

Me acuerdo que una vez pinté un graffiti pensando en los héroes de Sabato y en los nuestros.


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