Bosques y máquinas//

“Somewhere Nabokov is smiling, if you know what I mean"



Las narrativas románticas
3.7.11 @ 5:47 p. m.

Hay un gran precedente de poemas, odas, cuentos, novelas que se vuelcan sobre el romanticismo. El primer graffiti amoroso trazado en una cueva, cuando aún no existía la alusión y el concepto concreto. Algo así como el choque del sexo, la sobrevivencia y la belleza emparentados en un galope bárbaro, en ausencias, desencuentros, lejanías. O como ver a los cazadores volviendo a sus hogares tribales, extrañando a alguna mujer, especialmente a alguna mujer. O como el deseo de la púber que ve un gesto en un muchacho que no olvidará aunque las guerras se cruzen en su vida ni cuando sea una anciana a la que nadie admira. La brutalidad cual muro no ha acabado con el romanticismo, se ha reflejado en las narrativas de hoy en las que ya el amor rosa es una referencia gastada, que ni Corín Tellado, la celebérrima artífice de novelas en revistas, ignora. Lo cursi ya no es sólo cursi, se retoca con escénicas de vampiros bellos, de enamorados épicos, de killers contemporáneos.
 Tristán e Isolda, Romeo y Julieta, y otros amantes dieron paso a los amores cinematográficos. Bonnie and Clyde, por ejemplo y más adelante una Mia Wallace que en realidad no le pertenece a nadie, inhalando una sobredosis de cocaína, después del brillante paso de Annie Hall, de la diva Sasha Grey mezclando porno y fascinación, mucho después del reinado de una Marilyn Monroe en el celuloide. O Johnny Deep,  el superdivo en motocicleta, ícono de romanticismo salvaje.

Deshacer el género* . El deseo [y el amor]  no tiene género. Imagínate en el siglo XXII: no existen carnets de identidad que digan, hombre o mujer. El género es performativo. Si te da la gana eres una muchacha esplendorosa o sino no, los baños son unisex y los crímenes pasionales siguen sucediendo. La naturaleza humana no se deshace, se transforma.  Esta visión no es maravillosa para el ortodoxo, de hecho, es horrorosa. Antinatural. El ortodoxo siempre abogará por la linealidad.

Volvamos a hoy:  discurre una  explosión vintage que tiene su apogeo, por citar un caso, en páginas de Tumblr. El glamour y la desfachatez.
Las narrativas románticas atraviesan el imaginario actual con sordidez, desesperación, alegría, extrañeza. Caleidoscopios que detonan los deseos colectivos, instigadores de miradas exploradoras. También aparece el retorno de cierta inocencia, de bosques y máquinas, de poesía y búsqueda heavy. Contraste  en las narrativas románticas que ahora son más que romanticismo, una permanente irrupción emocional, una estética mutante, una búsqueda.



*Deshacer el género, es el título de un libro de Judith Buttler, Ediciones Paidós Ibérica 2006.

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